Soy mujer y hoy escribo contra las mujeres. Porque sí, porque saltándome las generalizaciones, ya que por suerte no todas son iguales, me sorprendo entendiendo a la perfección a muchos hombres cercanos a los que quiero que se sienten manipulados, dominados, anulados, engañados... como cualquiera de nosotras nos hemos podido sentir por culpa de ellos cuando hemos estado en pareja.
Aunque no se trata de culpas, ni de bandos de mejores y peores. Sería una terrible torpeza caer en la trampa de la guerra de los sexos en la que muchas veces nos quieren hacer caer, solo por el interés de dividir en lugar de unir y todo lo conveniente que conlleva eso. Pero reparar un poco en la reflexión sí me parece conveniente.
Me he cansado de historias tan semejantes basadas en actitudes y valores deplorables que siempre cargamos a los hombres, como si vinieran así fabricados de serie, cuando las mujeres se instalan en un victimismo que les justifica de hacer exactamente lo mismo cuando no daños peores. Somos mujeres y en muchas cosas tenemos las de perder, pero en otras sabemos que ganamos y es aquí donde me instalo contra las mujeres que ejercen una violencia sutil hacia sus parejas desde el chantaje emocional y la legitimidad que se le puede otorgar considerarse el sexo débil.
Son ellas las que me irritan y me hacen lanzar la voz para reclamar la conciencia y lucidez de quienes van por la vida hiriendo, soberbias e implacables con una fuerza y poder inventado y que optan por creerse con el único fin de someter.
El tema de la responsabilidad y el compromiso está siendo muy recurrente últimamente en mis conversaciones, sobre todo entre las mesas de la oficina cuando mi equipo de trabajo, enteramente femenino, se enfrenta a situaciones laborales en las que la carencia de estos valores resulta demoledor. Yo, la verdad, no puedo soportarlo. Pasar de todo, mirarnos el ombligo, cambiar de postura en nuestra comodidad y lloriquear como niños ante las consecuencias de lo que hacemos o no, me produce un rechazo que no puedo más que calmar a través de la escritura. (Si no fuera por mi blog....)
Si esto lo extrapolo a la mujer, la realidad es más apabullante. Me pregunto cuándo vendrán los días de mirarse con un microscopio las entrañas y dejarnos de sacar brillo al ombligo para ver qué tipo de persona hemos elegido ser, porque lo elegimos. Si nos gusta y nos hace feliz ser quienes somos y en cualquier caso, somos capaces de amarnos y transformarnos en lo que cada día soñamos ser, dejando atrás culpas hacia los demás, dramatismos y victimismos que nos ponen la vida más fácil por tener con qué justificarnos; o si nos construimos como personas auténticas y responsables que saben de dónde vienen, a dónde van, han perdonado por el camino y se sienten esa clase de super hérores que solo cuentan con un único poder: el de saberse, reconocerse y quererse para saber, reconocer y amar a los demás con más oferta y menos demanda a un mundo que desde que nacemos ya nos está ofreciendo todo.
Las asesinas emocionales parecen ser hermosas pero son feas. Mucho. No están en ese camino, ni en ningún kilómetro cercano y yo las rechazo y las rechazo por el dolor que no dejan de provocar. Exactamente igual que a los asesinos emocionales.
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miércoles, 12 de marzo de 2014
sábado, 30 de noviembre de 2013
Ser mujer y serlo
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Una mujer me susurra desde los bosques oscuros de las montañas y la ciudad. Llega como melodía desnuda y hueca en busca de que mis palabras le alcen la voz. Es ella como soy yo y todas vosotras, si pasáis a leerme con inquieta curiosidad o imprevisto azar.
En las últimas semanas, el tema de la mujer ha sido muy recurrente en mi vida, por experiencias propias y por la cantidad de reflexiones con las que me he cruzado el día Contra la Violencia de Género. Ayer Woody Allen me conmovía en el cine, con su último estreno Blue Jasmine desde el que lanzaba con increíble sutileza y acierto realidades de mujeres que deberían ser absolutamente intolerables. Sobre todo por nosotras, las mujeres y la responsabilidad que tenemos para que cambien las cosas y la violencia en su infinidad de matices se convierta en un capítulo más de la historia.
Como dice Irantzu Varela en su excelente artículo "La mejor defensa": la solución no es un ataque. Ni a los hombres, ni a la política, ni a la ideología... pasa por una transformación interna de nosotras mismas, en primer lugar, y de vosotros mismos, en segundo. Además del poder de la educación, para que nuestras niñas y también niños, crezcan desde otro paradigma.
Así lo cuenta Varela en estos dos párrafos impecables:
Pero hay dos armas infalibles contra la violencia machista. Una, son las mujeres. Mujeres felices, seguras de sí mismas, con conciencia feminista, con la autoestima sana, que se respetan y entienden que tienen un lugar en el mundo. Mujeres que quieren con condiciones y no desean que las quieran mucho, sino que las quieran bien; que disfrutan de su cuerpo tal y como es, que se cuidan para estar mejor, no para gustar; que se miran con ojos generosos, no con reflejos crueles de la mirada ajena. Contra esas mujeres, es difícil ejercer la violencia. Porque no se creen el papel de frágiles satisfactoras de deseos ajenos que les ha asignado el patriarcado.
La otra arma contra la violencia machista son los hombres. Hombres felices, seguros de sí mismos, con conciencia feminista, con la autoestima sana, que se respetan y entienden que tienen un lugar en el mundo. Hombres que quieren relacionarse como iguales, desde la complicidad y la libertad, que se atreven a reconocer sus debilidades y que no tienen nada que demostrar. Esos hombres no ejercen la violencia contra las mujeres. Porque no se creen el papel de duros líderes de las vidas ajenas que les ha asignado el patriarcado.Con ellos y con el artículo de Faktoría Lila que describe a la perfección dónde estamos una gran mayoría de mujeres que "espera y desespera", concluyo mi post de hoy y acojo dentro de mí a todas las mujeres en las que me reconozco.
Las valientes que no se callaron, las que lo hicieron y me enseñaron desde sus errores, las que amaron y por el camino aprendieron a amarse ellas primero, las que no supieron llegar. Las mujeres que lucharon por encima de vergüenzas y manipulaciones para conquistar derechos y crear conciencia.
A ellas que estuvieron, las que están y las que apenas me conocen, por lo que pueda aportarles para desmontar el mundo de mentira que nos crearon y mirarse con una mirada nueva en el espejo que trascienda la belleza de un cuerpo que se exige perfecto y lleguen hasta quienes realmente son.
¿Y si no se sabe? entonces hoy se convierte en el día perfecto para empezar a investigar.
Igual que en el anuncio de Media Markt: "Yo no soy tonta". (Ni tú tampoco)
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