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viernes, 17 de enero de 2014

Gente bonita

Ya lo sabía, pero ellos y ellas me hacen recordarlo cada día. Esta semana especialmente, cuando cada noche he cerrado los ojos con una serena sonrisa por esa gente bonita.

Es Jose y su pato de goma junto al café en el desayuno de esta mañana. Pierre y su entusiasmo en nuestra oficina planeando proyectos comunes y sonriendo mucho. Es Carolina y su llamada inesperada cerca del trabajo. Maripi dispersa entre la alegría y cientos de papeles. Es Miguel Ángel llamándome caperucita o Joaquín frente a mi tostada regalándome trocitos de su preciado tiempo. Es mi madre con su bandeja de roscos de anís para que me lleve a casa, Almudena contagiando la risa, Gustavo inventando imágenes para vídeos promocionales, mi sobrino Pablo a ritmo de Supersubmarina. También Rita y su confianza, Marta y su complicidad sobre los océanos, David con manos abiertas de amigo, Manuela cantándome cancionesCelia y su bote de aceitunas caseras para casa, Pepe y sus regalos por entregar... y más.

La gente bonita camina por la calle en dirección al trabajo o a los sueños por los que decidió luchar. Se levanta a diario, se lava la cara, se mira al espejo con prisa pero con el minuto justo para encontrar en sus ojos un universo limpio y sincero sin el que no salir de casa. Son muchos y son más que los que se empeñan en empañar el mundo, pero se deslizan por la vida sin necesidad de hacer ruido y con el peligro de caer en el olvido. 

Para ellos mi post de hoy, porque merece la pena tener presente a esa gente bonita que te hace recordar que hasta en el gesto más minúsculo puede concentrarse todo el amor en el que jamás habríamos creído.



domingo, 24 de noviembre de 2013

Ellas

Son ellas las que siempre abrazan, les guste más o menos el ritmo de mis días, el color de mis paisajes azules que prefieren bailar bajo el sol.

Es Carolina tomando mi mano en las avenidas para sacarme lejos del peligro mientras me cuenta la cantidad de canciones de Georgina que le recuerdan a las dos y que cuando las escucha quiere mandarme pero que no siempre lo hace para no ponerme más triste. Pero me dice los títulos asociados a partes de mi vida o personas para que cuando pueda las escuche a volumen muy fuerte mientras grito o lloro, pero saco a todos los demonios fuera.

Son ellas las que siempre escuchan y entienden las espirales de mi interior. O no las entienden, pero me quieren y se inventan planes para que los giros se vuelvan saltos de alegría o saltitos en los charcos.

Es Manuela cocinando en su cocina, amando casi más que yo, lo que yo amo, y odiando, casi más que yo, lo que yo odio; sin ningún tipo de esfuerzo, con un amor espontaneo que no necesita argumentos, ni motivos, ni reproches más que una música de fondo y un plato de pasta recién cocinado.

Es Blanca que pinta mi alma con calaveras de colores que transforman el miedo en risa, el frío en calor.
Es Enka y sus manos abiertas para tirar de mí hacia cualquier espectáculo más amable que los días grises y arrugados que invaden la casa por momentos como fantasmas de humo azul.

Son ellas: Maribel, Celia, Maripi, Maite, Inma, Eva... las que saben amar y lo hacen con palabras y gestos, con horas de tiempo y amor auténtico, el que se da sin esperar nada a cambio y sin ninguna premeditación.

Un domingo cualquiera, como el de hoy, la música suena de fondo y yo pienso en ellas casi con ganas de llorar. Porque con el paso de los años, son ellas las que continúan en el camino y me hacen recordar que en mi trayecto nunca voy sola. Aunque a veces se me olvide, en realidad no conozco la verdadera soledad.

Hoy hago caso a Carolina y pongo fuerte a Georgina. Por las dos y por lo que realmente merece la pena.



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