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miércoles, 11 de julio de 2012

Viento en la ciudad

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Al viento hoy le ha dado igual mi tristeza, como al resto de los árboles y al mundo, que han seguido su ritmo sin percatarse de mi existencia. Casi me ha dado igual a mí también, que por un momento me he vuelto aire y hoja inquieta en las altas ramas verdes del parque.

Vivir en la nada es estar en el centro de una esfera de cristal que sólo guarda una partícula de oxígeno y respirarla una y otra vez con la magia de la eternidad que la vuelve única y completa. Dios debe parecerse a eso, a la sensación del viento. Ligero, sonoro, largo y vacío. Un remolino en el pelo cargado de templanza y paz. Inexistir en esta existencia.

martes, 25 de octubre de 2011

Más allá de aquí

No creo en Dios, pero creo que creo en algo aunque no sé muy bien cómo es: ni su forma, ni tamaño, ni siquiera funciones. Imagino que en realidad es un recurso del cerebro, que se aferra a algo ante las adversidades, la incertidumbre y el desasosiego.

Puestos a elegir, creería en las hadas pero nos han dejado tan claro que no existen que me resulta francamente difícil dirigirme a ellas como salvavidas mirando al techo con las manos cruzadas. Será por refugios... los terrenales, los místicos, los que cuentan con ambas cosas: drogas, sectas, energías y esoterismos... Será por oferta de creencias.

Pues hasta en esto me hago un lío y tanta variedad sólo me aporta más confusión.

A lo mejor el truco está en empezar por creer en uno mismo, que me parece a mi que va a ser de las religiones más complicadas.

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