Mostrando entradas con la etiqueta letras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta letras. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de abril de 2014

Escribir también desde el amor

Hace unos días me decían que desde la tristeza salen las obras de arte. Que el impulso que da a la inspiración convoca a las mejores musas para crear las letras más fascinantes, esas que calan el corazón.

A mí me gusta escribir desde la alegría o el entusiasmo que debería nacer con el simple hecho de vivir. De tener la oportunidad cada mañana de mirar por la ventana, aunque caiga la lluvia, cerrar los ojos y respirar con la serenidad interna que da amanecer en una de las ciudades más bonitas del mundo, con un trabajo por el que muchos llevan años luchando y unos amigos que tienden la mano si de repente das un silbidito porque se empieza a estremecer tu interior.

Llevo semanas sin escribir nada por aquí, quizás porque la tristeza no se había acomodado en ningún rincón de mi casa y hasta Pierre me lo repetía de vez en cuando, que volviera a mis ratos para escribir y disfrutara de mis espacios. He escrito poco porque el amor y la vida me han inundado hasta las mejillas desde hace casi tres meses. Porque mis espacios solo los he querido para sentir y sentir y cerrar los ojos y sentir y gritar de tanto sentimiento o pronunciar palabras al oído a quien más estoy queriendo en todo este tiempo. He secuestrado mis letras solo para una persona y en ella es donde he querido vaciarme y donde quiero seguir haciéndolo.

No abandono este blog porque sin mis palabras me volvería demasiado pequeñita, solo les he dado cierta exclusividad para compartirlas con quien realmente me roba el aliento hasta el punto de olvidarme de mi escritura.

Hoy paso de nuevo por aquí, porque como me decían, de la tristeza siempre brotan frases y lamentos, casi sin quererlo. Mi tristeza hoy tiene forma de nube fantasma, de monstruito que asusta a los niños pequeños pero al que yo miro de cerca y soplo para que se vaya, porque mi cielo es azul y es en él donde quiero quedarme, abrazada muy fuerte a Pierre, aunque haya días en los que la lluvia decida empañarnos la mirada y engañarnos el corazón.



martes, 24 de abril de 2012

Arteria Utopía

by *libelle en deviantart
Estoy leyendo a Murakami en su prosa más desnuda y realista con la que el universo más fascinante que recrea es el de su día a día. Una reflexión intermitente acerca de la vida a través del acto cotidiano de correr y también el de escribir. Contaba en las últimas páginas que voy leyendo que para escribir una novela, siquiera escribir sin más, hay que tener talento. Una dosis mínima al menos, así como la concentración y constancia imprescindibles si la intención es llevar a buen fin el acto creativo de largo recorrido que exige un género como la novela.

Reflexionar sobre el talento me resulta algo dificultoso, sobre todo porque no sé exactamente cómo podría medirse algo así. ¿Viene relacionado igualmente con la inspiración? Dicen los escritores que a muchos les visitan las musas cuando menos imaginan o se les acumula un puñado de frases en la boca cuando no tienen intención alguna de crear una historia. Y entonces, no tienen más alternativa que vomitar esas letras que lo asedian antes de que provoquen un corte de digestión. ¿Es eso el talento? ¿Contar con una fuente creativa que brota a sus anchas y a la que puede ser interesante canalizar hacia la comunicación escrita?

Si es así podría decirse que en algún momento he vivido experiencias de ese tipo y que, en ocasiones, además de despertarme las pesadillas, también lo hacen las palabras. Como ha ocurrido hoy y por lo que vengo a actualizar este blog. El amanecer me ha sorprendido con dos sustantivos tan inconexos como conexos, pero absolutamente descontextualizados: Arteria Utopía. Parece un título de algo, ¿pero de qué? 

Artería: corazón, órganos, cuerpo, humano, amor... 
Utopía: sueño, deseo, lucha, esperanza, imaginación...

De momento les daré forma usándolas como título de esta entrada y si de nuevo debo encontrarme con estas dos palabras, veamos dónde puede ser.

Lo del talento no sé, pero lo de la concentración y la constancia lo tengo mucho más claro: creo que nunca llegaré a ser novelista. No pasa nada, tampoco me lo había planteado. Y mientras existan algunos como Murakami y otros cuántos más (Sampedro, Carmen Martín Gaite, Cortázar...) ¿qué más hace falta?

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...