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miércoles, 4 de julio de 2012

Tener dos años para cambiar el mundo

Pinterest
Si volviera a tener dos años llegaría a un importante pacto con los seres pequeños que dan cuerda al planeta y les prometería raciones diarias de piruletas y una burbuja espacial para atravesar el universo. A cambio les pediría la detención del tiempo. Una hora elástica en la que vivir eternamente en la que todos y todas nunca cumpliéramos más años que tres. Uno para sentir el mundo, dos para descubrirlo y tres para vivirlo.

Abrir los ojos al polvo dorado de la mañana y sólo pensar en respirar. Inhalar, exhalar... desde el vientre hasta el cielo sin prisa ni conciencia con el lento latir de los latidos. Sentirse sentido único, ser de oxígeno y organismo: temperatura, flujo, huesos y voz. Tocar el mundo, mojar en un charco el pie derecho y luego el izquierdo, hablar con las ranas y cantar.

Con mis dos años demostraría que el ansiado mundo distinto es posible y desvelaría el secreto de la fe. Sólo una varita mágica dibujada y los adultos se convertirían en niños retornando al origen del ser. Porque ya nadie recuerda quiénes fuimos y los que lo intentan viven condenados a una indescriptible soledad, melancolía de los cachorros que fuimos, felices, libres, auténticos.

jueves, 31 de mayo de 2012

Ojos que lloran, corazón que no mira

Pinterest: Joanna Riquett
Todos hemos disimulado. Girado un poco la cabeza, sin que apenas se note, por la curiosidad, para volver rápidamente a la pantalla e incluso ponernos los cascos ante algún entretenido video de youtube. Ni movernos. El locutorio de la calle Toledo ha exprimido la obviedad hasta reventarla y hacerla desaparecer cuando en el minuto doce de las tres de la tarde un hombre ha roto a llorar en una de las cabinas contiguas a los ordenadores. Las lágrimas han sido sonoras como el desgarro de su dolor que le ha asaltado en mitad de su llamada para darle la vuelta a su corazón y convertirlo en agua. Pero ha dado igual. El ambiente se ha vuelto gelatina y las nubes de algodón, porque nos hemos vuelto niños en la sala y no hemos sabido donde mirar.

Tenemos un bebé dentro, escondido, maltratado, devorado por la sociedad. Pero se revela, estalla y nos mancha las manos ante la imperturbabilidad del adulto. Del mundo mayor de pegamento.

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