jueves, 31 de mayo de 2012

Ojos que lloran, corazón que no mira

Pinterest: Joanna Riquett
Todos hemos disimulado. Girado un poco la cabeza, sin que apenas se note, por la curiosidad, para volver rápidamente a la pantalla e incluso ponernos los cascos ante algún entretenido video de youtube. Ni movernos. El locutorio de la calle Toledo ha exprimido la obviedad hasta reventarla y hacerla desaparecer cuando en el minuto doce de las tres de la tarde un hombre ha roto a llorar en una de las cabinas contiguas a los ordenadores. Las lágrimas han sido sonoras como el desgarro de su dolor que le ha asaltado en mitad de su llamada para darle la vuelta a su corazón y convertirlo en agua. Pero ha dado igual. El ambiente se ha vuelto gelatina y las nubes de algodón, porque nos hemos vuelto niños en la sala y no hemos sabido donde mirar.

Tenemos un bebé dentro, escondido, maltratado, devorado por la sociedad. Pero se revela, estalla y nos mancha las manos ante la imperturbabilidad del adulto. Del mundo mayor de pegamento.

3 comentarios:

Erato dijo...

Cuando un niño llora nos conmueve y algo se rompe por dentro.Tal vez sea una regresión en el tiempo, aquél que nos hizo estallar en en llanto cuando éramos aún pequeños seres a medio hacer. Cuando un adulto llora, por desgracia salen los muros y las máscaras que nos hemos ido fabricando o asumiendo con el tiempo. Y eso es tan triste o más, mucho más diría yo, que el llanto de un niño.Volvemos la cara ya a tantas cosas...Besos.

salvadorpliego dijo...

Me pareció genial tu escrito. Está lleno de buenas imágenes. Te felicito.

Sandra Cámara dijo...

Erato, nada más que añadir, tus comentarios son siempre un regalo para este blog :)

Abrazo

Salvador, me alegro de que mis palabras dibujen paisajes en tu cabeza.

Un saludo :)

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