viernes, 17 de enero de 2014

Gente bonita

Ya lo sabía, pero ellos y ellas me hacen recordarlo cada día. Esta semana especialmente, cuando cada noche he cerrado los ojos con una serena sonrisa por esa gente bonita.

Es Jose y su pato de goma junto al café en el desayuno de esta mañana. Pierre y su entusiasmo en nuestra oficina planeando proyectos comunes y sonriendo mucho. Es Carolina y su llamada inesperada cerca del trabajo. Maripi dispersa entre la alegría y cientos de papeles. Es Miguel Ángel llamándome caperucita o Joaquín frente a mi tostada regalándome trocitos de su preciado tiempo. Es mi madre con su bandeja de roscos de anís para que me lleve a casa, Almudena contagiando la risa, Gustavo inventando imágenes para vídeos promocionales, mi sobrino Pablo a ritmo de Supersubmarina. También Rita y su confianza, Marta y su complicidad sobre los océanos, David con manos abiertas de amigo, Manuela cantándome cancionesCelia y su bote de aceitunas caseras para casa, Pepe y sus regalos por entregar... y más.

La gente bonita camina por la calle en dirección al trabajo o a los sueños por los que decidió luchar. Se levanta a diario, se lava la cara, se mira al espejo con prisa pero con el minuto justo para encontrar en sus ojos un universo limpio y sincero sin el que no salir de casa. Son muchos y son más que los que se empeñan en empañar el mundo, pero se deslizan por la vida sin necesidad de hacer ruido y con el peligro de caer en el olvido. 

Para ellos mi post de hoy, porque merece la pena tener presente a esa gente bonita que te hace recordar que hasta en el gesto más minúsculo puede concentrarse todo el amor en el que jamás habríamos creído.



viernes, 10 de enero de 2014

Facebook como espejo del corazón



Mientras la red se inunda de mensajes profundos como una imperante necesidad de encontrar respuestas, la mayoría sigue caminando por la vida de puntillas centrando sus conversaciones en las rebajas y en las fatalidades de una crisis cada vez más parecida a una historia interminable.

No somos todos, pero muchos todavía son los que pasan, metafórica y literalmente. Pasan a máxima velocidad saltando de un lado a otro, inquietos, vestidos con un impermeable interno que les hace estar resguardados de todo. O eso se creen. Sin embargo, algo late cada vez más fuerte, algo indefinido e intangible que demanda con urgencia respuestas, caminos, luz. Lo digo porque lo veo en Facebook, cuando a cada rato mi pantalla se inunda de mensajes sobre felicidad, éxito, paz y valores auténticos. Los usuarios los lanzan, ellos los comparten y un bueno número de aquellos le damos a "me gusta".

Mis últimas lecturas, mi experiencia con el silencio y la meditación, así como la realidad que a diario me asalta terminan todos por llevarme al mismo lugar aunque sea por caminos muy diferentes. Personas que llegaron a mi vida de repente, con pensamientos muy distintos y reflexiones con influencias filosóficas, religiosas, literarias o hasta de líderes empresariales comparten conmigo conversaciones e inquietudes que desembocan en un espacio común: la necesidad de encontrarse.

Llegó un momento en el que el mundo consumista fundado en nuestro ego empezó a derrumbarse y a evidenciar lo imprescindible de un cambio. De un redescubrimiento de la identidad. Ese mítico e histórico ¿Quién soy? y sobre todo ¿Para qué estoy aquí? está llegando a ser el desasosiego de cada vez más personas. 

Casi ninguna situación lleva esta apariencia tan evidente. No se trata de momentos donde se comparte desde lo explícito el hecho de vivir una crisis existencial de la que se está siendo consciente y se busca un camino. Todo se reviste de aparentes preocupaciones triviales, que a diferencia de otras épocas, incorporan un matiz de trascendencia que casi casi no se nota pero que está. Los agobios dejan de ser tan materiales para rascar un poquito más en lo intangible y manifestarse en forma de comentario: "Creo que estamos en un tiempo en el que hace falta reinventarse. Esta crisis requiere de un cambio radical. Hemos perdido los valores y algo nuevo tiene que pasar, porque así no vamos a ningún sitio".

Es cierto que no le ocurre a todo el mundo, pero si advierto la velocidad a la que cada vez más deciden pararse y rascar para buscar respuestas, caminos y deconstruir para construir desde la mente consciente y crítica una realidad más amable a partir de una personalidad a estrenar. El principio quizás se cambiar el punto de mira y dejar de buscar fuera lo que tal vez se encuentre dentro. ¿Y eso cómo se hace? Cada uno tendrá que encontrar su sendero... si lo supiera tendría la varita mágica. Pero la magia sólo existe en cada uno.

Reconocernos como buscadores puede parecerse a un primer paso. Mi aportación: un libro que con el mismo título nos invita a descubrirnos desde una nueva visión.

¡Feliz viaje!


viernes, 27 de diciembre de 2013

El mundo futuro no es 2014



Me voy a sacar un billete de avión, dándole a efectuar pago casi con los ojos cerrados, evitando pensar lo que siempre pienso que me hace pulsar el botón atrás del navegador para hacer las cosas como deben hacerse.

Lo compraré en los próximos días en cualquier momento en que ya los regalos no tengan que entregarse porque toca en el calendario, sino porque surgen de la nada, sin excusas ni razones más que la de una voluntad sin normas.

El mundo futuro es ahora. No se parece a nada, ni es necesario mucho más que una canción como ésta que puede cantarse o bailarse al ritmo de las ganas. Con ganas, se gana y, cuando se evaporan, la música no desaparece, sino que se transforma en suaves balanceos y voces que llegan a susurrar lo que el desaliento nos roba.

Condensar doce meses en dos días y hacer un balance casi da corte de digestión porque la intensidad es la palabra que mejor podría resumir mi último año. Los sueños que no pedí fueron los que se cumplieron y los proyectados resultaron ser como un juego de magia donde al final sólo queda humo que el viento aleja más despacio de lo que nos gustaría.

Por primera vez en mucho tiempo mis ganas de soñar se elevan con una libertad asombrosa. La que concede el no necesitar, la de la pureza de quien ya tiene sin desear, la de la serenidad que da el amor que no se pide y se respira en cada partícula de luz. En todos los nombres y en ninguno específico. Reencontrarse con quien es uno se convierte en una vuelta al hogar y entonces nada ni nadie más hace falta.

Estar solo es necesario, urgente, imprescindible para amar sin necesidades, ni exigencias. Recuerdo la sentencia que hace poco alguien me dijo: "Yo, que puedo estar solo, elijo estar contigo". Fue una frase hermosa que escondía una mentira hoy por hoy no desvelada y es que sólo quien alguna vez ha estado solo, puede constatar que sabe estar solo.

El mundo futuro es aquí y para quienes ya nos sumergimos en él, desnudos y sin nudos, lo entendemos muy bien: estrenar un año nuevo es bordear la trampa de esperar a que las cosas de ahí fuera cambien para descubrir que los nuevos debemos ser nosotros.

Felicidad y facilidad para quienes pasáis por aquí y comentáis y también para los que os resguardáis en el silencio.





jueves, 19 de diciembre de 2013

Paisajes de mujer



Amo a las mujeres desde su piel que es la mía
Gioconda Belli

Es verano en su copa de vino pero el sol de invierno hiela los cristales más antiguos de la ciudad. En sus ojos, el mar; y la lluvia tan sólo un murmullo lejano portador de recuerdos que como olas invisibles se mecen al ritmo de su corazón. Una danza extraña que palpita entre el alivio y el dolor.

La mujer se sienta hermosa sobre la valla, atenta al atardecer, serena y cuidada, inalcanzable como el amor. Junto a ella "la otra", esa figura indefinida e indefinible que escapó de una mentira para convertirse en reflejo y en verdad revelada.

Son ellas que se miran sabiendo que son las mismas y que tras su gafas guardan una historia para contar. La que fue, la que no fue, la que les narraron, la historia que creyeron, la que podría escribirse, la que se comenta, la que se calla. Protagonistas de un sueño en común comparten silencios de escarcha, mientras las estaciones bailan en su cuerpo renovando paisajes y regalando una nueva luz.

Diciembre despide un año de falsos proyectos que ya no importan a nadie, ni tampoco a las mujeres que se observan cómplices de un mismo cuento de hadas y se pronuncian sin palabras. Hay algo en el aire que las reconoce y las vuelve fuertes y completas como ciclones desbocados de amor. Nadie más falta. 

sábado, 30 de noviembre de 2013

Ser mujer y serlo

Pinterest

Una mujer me susurra desde los bosques oscuros de las montañas y la ciudad. Llega como melodía desnuda y hueca en busca de que mis palabras le alcen la voz. Es ella como soy yo y todas vosotras, si pasáis a leerme con inquieta curiosidad o imprevisto azar. 

Somos nosotras las que tantas veces no sabemos quienes somos o a las que nos diseñaron tan exquisitamente bien para que nunca nos pararamos a pensarlo. Yo si me paro, muchas veces, cuando me siento perdida, como todos nos sentimos una vez tras otra cuando la vida nos cambia los planes y hace que nos escuezan los ojos y no sepamos donde mirar.

En las últimas semanas, el tema de la mujer ha sido muy recurrente en mi vida, por experiencias propias y por la cantidad de reflexiones con las que me he cruzado el día Contra la Violencia de Género. Ayer Woody Allen me conmovía en el cine, con su último estreno Blue Jasmine desde el que lanzaba con increíble sutileza y acierto realidades de mujeres que deberían ser absolutamente intolerables. Sobre todo por nosotras, las mujeres y la responsabilidad que tenemos para que cambien las cosas y la violencia en su infinidad de matices se convierta en un capítulo más de la historia.

Como dice Irantzu Varela en su excelente artículo "La mejor defensa": la solución no es un ataque. Ni a los hombres, ni a la política, ni a la ideología... pasa por una transformación interna de nosotras mismas, en primer lugar, y de vosotros mismos, en segundo. Además del poder de la educación, para que nuestras niñas y también niños, crezcan desde otro paradigma.

Así lo cuenta Varela en estos dos párrafos impecables:

Pero hay dos armas infalibles contra la violencia machista. Una, son las mujeres. Mujeres felices, seguras de sí mismas, con conciencia feminista, con la autoestima sana, que se respetan y entienden que tienen un lugar en el mundo. Mujeres que quieren con condiciones y no desean que las quieran mucho, sino que las quieran bien; que disfrutan de su cuerpo tal y como es, que se cuidan para estar mejor, no para gustar; que se miran con ojos generosos, no con reflejos crueles de la mirada ajena. Contra esas mujeres, es difícil ejercer la violencia. Porque no se creen el papel de frágiles satisfactoras de deseos ajenos que les ha asignado el patriarcado.
La otra arma contra la violencia machista son los hombres. Hombres felices, seguros de sí mismos, con conciencia feminista, con la autoestima sana, que se respetan y entienden que tienen un lugar en el mundo. Hombres que quieren relacionarse como iguales, desde la complicidad y la libertad, que se atreven a reconocer sus debilidades y que no tienen nada que demostrar. Esos hombres no ejercen la violencia contra las mujeres. Porque no se creen el papel de duros líderes de las vidas ajenas que les ha asignado el patriarcado.
Con ellos y con el artículo de Faktoría Lila que describe a la perfección dónde estamos una gran mayoría de mujeres que "espera y desespera", concluyo mi post de hoy y acojo dentro de mí a todas las mujeres en las que me reconozco.

Las valientes que no se callaron, las que lo hicieron y me enseñaron desde sus errores, las que amaron y por el camino aprendieron a amarse ellas primero, las que no supieron llegar. Las mujeres que lucharon por encima de vergüenzas y manipulaciones para conquistar derechos y crear conciencia.

A ellas que estuvieron, las que están y las que apenas me conocen, por lo que pueda aportarles para desmontar el mundo de mentira que nos crearon y mirarse con una mirada nueva en el espejo que trascienda la belleza de un cuerpo que se exige perfecto y lleguen hasta quienes realmente son.
¿Y si no se sabe? entonces hoy se convierte en el día perfecto para empezar a investigar.

Igual que en el anuncio de Media Markt: "Yo no soy tonta". (Ni tú tampoco)

domingo, 24 de noviembre de 2013

Ellas

Son ellas las que siempre abrazan, les guste más o menos el ritmo de mis días, el color de mis paisajes azules que prefieren bailar bajo el sol.

Es Carolina tomando mi mano en las avenidas para sacarme lejos del peligro mientras me cuenta la cantidad de canciones de Georgina que le recuerdan a las dos y que cuando las escucha quiere mandarme pero que no siempre lo hace para no ponerme más triste. Pero me dice los títulos asociados a partes de mi vida o personas para que cuando pueda las escuche a volumen muy fuerte mientras grito o lloro, pero saco a todos los demonios fuera.

Son ellas las que siempre escuchan y entienden las espirales de mi interior. O no las entienden, pero me quieren y se inventan planes para que los giros se vuelvan saltos de alegría o saltitos en los charcos.

Es Manuela cocinando en su cocina, amando casi más que yo, lo que yo amo, y odiando, casi más que yo, lo que yo odio; sin ningún tipo de esfuerzo, con un amor espontaneo que no necesita argumentos, ni motivos, ni reproches más que una música de fondo y un plato de pasta recién cocinado.

Es Blanca que pinta mi alma con calaveras de colores que transforman el miedo en risa, el frío en calor.
Es Enka y sus manos abiertas para tirar de mí hacia cualquier espectáculo más amable que los días grises y arrugados que invaden la casa por momentos como fantasmas de humo azul.

Son ellas: Maribel, Celia, Maripi, Maite, Inma, Eva... las que saben amar y lo hacen con palabras y gestos, con horas de tiempo y amor auténtico, el que se da sin esperar nada a cambio y sin ninguna premeditación.

Un domingo cualquiera, como el de hoy, la música suena de fondo y yo pienso en ellas casi con ganas de llorar. Porque con el paso de los años, son ellas las que continúan en el camino y me hacen recordar que en mi trayecto nunca voy sola. Aunque a veces se me olvide, en realidad no conozco la verdadera soledad.

Hoy hago caso a Carolina y pongo fuerte a Georgina. Por las dos y por lo que realmente merece la pena.



jueves, 21 de noviembre de 2013

Estoy viva


Hoy mis palabras, que se atascan de forma apresurada y espesa, no aciertan a decir o callar más allá que a través de otras letras. Yo también encenderé luciérnagas.

Estoy viva 
como fruta madura
dueña ya de inviernos y veranos, 
abuela de los pájaros,
tejedora del viento navegante.

No se ha educado aún mi corazón
y, niña, tiemblo en los atardeceres, 
me deslumbran el verde, las marimbas
y el ruido de la lluvia
hermanándose con mi húmedo vientre,
cuando todo es más suave y luminoso.

Crezco y no aprendo a crecer,
no me desilusiono,
ni me vuelvo mujer envuelta en velos,
descreída de todo, lamentando su suerte.
No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro,
de la tierra parida,
el canto de los pueblos,
los brazos del obrero construyendo,
la mujer vendedora con su ramo de hijos,
los chavalos alegres marchando hacia el colegio.

Si.
Es verdad que a ratos estoy triste
y salgo a los caminos,
suelta como mi pelo,
y lloro por las cosas más dulces y más tiernas
y atesoro recuerdos
brotando entre mis huesos
y soy una infinita espiral que se retuerce
entre lunas y soles,
avanzando en los días,
desenrollando el tiempo
con miedo o desparpajo,
desenvainando estrellas
para subir más alto, más arriba,
dándole caza al aire,
gozándome en el ser que me sustenta, 
en la eterna marea de flujos y reflujos
que mueve el universo
y que impulsa los giros redondos de la tierra.

Soy la mujer que piensa.


Algún día
mis ojos
encenderán luciérnagas.

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