domingo, 22 de junio de 2014

jueves, 29 de mayo de 2014

¡Alto! podemos (queremos)

Yo guardo la fe, 
tú encuentra el milagro.

Despierto con una canción y es Vetusta Morla tarareándose en mí como un tiovivo de imágenes que me recuerdan a una sociedad sucia que se contenta con rellenar sus huecos con goles y alcohol. Y me parece bien, cuando en los bolsillos no nos dejan más que unos céntimos el último día del mes con los que regatear un puñado de esperanza.

Esperanza.

La que nos devuelve en las europeas un partido que suena a unión e identidad y que bajo el nombre de Podemos reta, a los que nos gobiernan, con una voz contundente y abrumadoramente serena. Pablo Iglesas me da la primera lección a mí, cuando lo escucho desmontar uno a uno a los miembros de una mesa de debate que con el título de directores de medios o políticos manifiestan sin pudor su ignorancia y desvergüenza a millones de espectadores. Desmonta exclusivamente con el lenguaje. Con un idioma como el español que permite manipular, distorsionar e insultar de una manera tan sencilla como lo que reflejan en sus discursos multitud de dirigentes. Él toma la llave maestra de la palabra para argumentar y construir, saltándose la demagogia, con una maestría irritante para muchos.

Que Pablo Iglesias aparezca ahora en escena e inunde las redes sociales hasta convertirse en trending topic en Twitter puede significar tanto como practicamente nada, depende de las expectativas que generemos. No me imagino unas elecciones en los que el núcleo de intelectuales, en el sentido de tener una formación más amplia y rica que muchos de los que ahora nos representan, ganen en las urnas. Sustancialmente, porque la apuesta por la educación es tan ínfima que por desgracia la masa que vota a los que siempre ganan no destaca por su espíritu crítico ni por su cultura. Pero atisbar en el horizonte una representación parlamentaria para los que nos identificamos con la cultura, la filosofía, la ética, la igualdad y la justicia; ya es mucho más de lo que viene ocurriendo hasta ahora.

No busco llamar paletos a los que votan PP o PSOE y eruditos a los que no. Pero sí parece evidente que la gran mayoría de los españoles continúan aferrados al bipartidismo desde una España dividida y enquistada que, lejos de hacernos avanzar, nos entierra por días hasta paralizarnos. Me gusta creer en el nuevo pensamiento: uno fresco y valiente que se empeña en, como la canción de Vetusta Morla, encontrar el milagro.

Somos muchos los que los queremos, aunque nos disolvamos en votos a pequeños partidos o en resignación ante la democracia. Cada vez somos más los que pensamos, desde nuestro barrio o el del país al que tuvimos que marcharnos. Más chavales con edad de voto que se acercan a planteamientos renovados. Somos más. Y aunque no seamos todos, me contento con despertar cada mañana con una canción que tarareando sobre mí me recuerda entre silbidos que: "yo guardo la fe". Ojalá alguien encuentre el milagro.


lunes, 21 de abril de 2014

Escribir también desde el amor

Hace unos días me decían que desde la tristeza salen las obras de arte. Que el impulso que da a la inspiración convoca a las mejores musas para crear las letras más fascinantes, esas que calan el corazón.

A mí me gusta escribir desde la alegría o el entusiasmo que debería nacer con el simple hecho de vivir. De tener la oportunidad cada mañana de mirar por la ventana, aunque caiga la lluvia, cerrar los ojos y respirar con la serenidad interna que da amanecer en una de las ciudades más bonitas del mundo, con un trabajo por el que muchos llevan años luchando y unos amigos que tienden la mano si de repente das un silbidito porque se empieza a estremecer tu interior.

Llevo semanas sin escribir nada por aquí, quizás porque la tristeza no se había acomodado en ningún rincón de mi casa y hasta Pierre me lo repetía de vez en cuando, que volviera a mis ratos para escribir y disfrutara de mis espacios. He escrito poco porque el amor y la vida me han inundado hasta las mejillas desde hace casi tres meses. Porque mis espacios solo los he querido para sentir y sentir y cerrar los ojos y sentir y gritar de tanto sentimiento o pronunciar palabras al oído a quien más estoy queriendo en todo este tiempo. He secuestrado mis letras solo para una persona y en ella es donde he querido vaciarme y donde quiero seguir haciéndolo.

No abandono este blog porque sin mis palabras me volvería demasiado pequeñita, solo les he dado cierta exclusividad para compartirlas con quien realmente me roba el aliento hasta el punto de olvidarme de mi escritura.

Hoy paso de nuevo por aquí, porque como me decían, de la tristeza siempre brotan frases y lamentos, casi sin quererlo. Mi tristeza hoy tiene forma de nube fantasma, de monstruito que asusta a los niños pequeños pero al que yo miro de cerca y soplo para que se vaya, porque mi cielo es azul y es en él donde quiero quedarme, abrazada muy fuerte a Pierre, aunque haya días en los que la lluvia decida empañarnos la mirada y engañarnos el corazón.



miércoles, 12 de marzo de 2014

Asesinas emocionales

Soy mujer y hoy escribo contra las mujeres. Porque sí, porque saltándome las generalizaciones, ya que por suerte no todas son iguales, me sorprendo entendiendo a la perfección a muchos hombres cercanos a los que quiero que se sienten manipulados, dominados, anulados, engañados... como cualquiera de nosotras nos hemos podido sentir por culpa de ellos cuando hemos estado en pareja.

Aunque no se trata de culpas, ni de bandos de mejores y peores. Sería una terrible torpeza caer en la trampa de la guerra de los sexos en la que muchas veces nos quieren hacer caer, solo por el interés de dividir en lugar de unir y todo lo conveniente que conlleva eso. Pero reparar un poco en la reflexión sí me parece conveniente.

Me he cansado de historias tan semejantes basadas en actitudes y valores deplorables que siempre cargamos a los hombres, como si vinieran así fabricados de serie, cuando las mujeres se instalan en un victimismo que les justifica de hacer exactamente lo mismo cuando no daños peores. Somos mujeres y en muchas cosas tenemos las de perder, pero en otras sabemos que ganamos y es aquí donde me instalo contra las mujeres que ejercen una violencia sutil hacia sus parejas desde el chantaje emocional y la legitimidad que se le puede otorgar considerarse el sexo débil.

Son ellas las que me irritan y me hacen lanzar la voz para reclamar la conciencia y lucidez de quienes van por la vida hiriendo, soberbias e implacables con una fuerza y poder inventado y que optan por creerse con el único fin de someter.

El tema de la responsabilidad y el compromiso está siendo muy recurrente últimamente en mis conversaciones, sobre todo entre las mesas de la oficina cuando mi equipo de trabajo, enteramente femenino, se enfrenta a situaciones laborales en las que la carencia de estos valores resulta demoledor. Yo, la verdad, no puedo soportarlo. Pasar de todo, mirarnos el ombligo, cambiar de postura en nuestra comodidad y lloriquear como niños ante las consecuencias de lo que hacemos o no, me produce un rechazo que no puedo más que calmar a través de la escritura. (Si no fuera por mi blog....)

Si esto lo extrapolo a la mujer, la realidad es más apabullante. Me pregunto cuándo vendrán los días de mirarse con un microscopio las entrañas y dejarnos de sacar brillo al ombligo para ver qué tipo de persona hemos elegido ser, porque lo elegimos. Si nos gusta y nos hace feliz ser quienes somos y en cualquier caso, somos capaces de amarnos y transformarnos en lo que cada día soñamos ser, dejando atrás culpas hacia los demás, dramatismos y victimismos que nos ponen la vida más fácil por tener con qué justificarnos; o si nos construimos como personas auténticas y responsables que saben de dónde vienen, a dónde van, han perdonado por el camino y se sienten esa clase de super hérores que solo cuentan con un único poder: el de saberse, reconocerse y quererse para saber, reconocer y amar a los demás con más oferta y menos demanda a un mundo que desde que nacemos ya nos está ofreciendo todo.

Las asesinas emocionales parecen ser hermosas pero son feas. Mucho. No están en ese camino, ni en ningún kilómetro cercano y yo las rechazo y las rechazo por el dolor que no dejan de provocar. Exactamente igual que a los asesinos emocionales.




domingo, 2 de marzo de 2014

Cuando sea vieja

Nunca pienso en la muerte.

Suelo olvidar que existe incluso cuando se aproxima de forma sigilosa con la pérdida de alguien cercano o la aparición de alguna enfermedad. Creo que mi cuerpo y mi mente desarrollaron un mecanismo interno improvisado que me salvaran de ese dolor tras la muerte de mi padre cuando yo tenía 18 años.

Sin embargo, sí he fantaseado con cómo seré cuando sea vieja y no acierto a imaginarme más allá de una extraña señora mayor despistada y torpe que se dedica a dar de comer a cientos de gatos desde su pequeña azotea en la que vivirá sola contando en el calendario los días en los que decidir morirse.

A veces pienso que la muerte no es algo que llega de ninguna manera mística, ni siquiera accidental, sino que nos morimos cuando nosotros queremos, cuando por algún motivo la vida ya nos exprimió lo suficiente y nosotros hicimos cuánto pudimos por exprimirla a ella. Marcamos el minuto exacto en el que despedirnos del mejor modo que se nos ocurre, aunque a veces nos fallen las maneras o la lucidez de no darnos cuenta que igual todavía no es el momento.

Por eso los muertos vivientes, los zombies que se arrastran por las calles o los pasillos del metro, por eso tanta vida desgarrada hacia la muerte en el momento equivocado. Tanta tristeza y gestos torpes en el aire.

Yo de mayor quiero ser una niña que a lo mejor no tiene prisa por morirse y se queda por aquí hasta ciento un años, bailando en su terraza cuando no mira nadie, hablando con los gatos y robando monedas de chocolate para comerlas de noche mientras el aire le hiela la nuca y los ojos se inundan de imágenes que jamás vivirá.

Si al final me animo a ser una viejita espero también adoptar lagartos y saltarme algunas reglas, tener uno o dos sobrinos y vecinos de mi edad que me quieran y toquen a la puerta para que les pase alguna de mis dulces monedas.



martes, 18 de febrero de 2014

Cómo pedir una cita de forma original para que te digan que sí

Marta ha bailado hoy en mi salón una canción de David Bowie mientras su disparador la capturaba en cientos de fotos en rojo y negro que se revelaban de forma automática y se lanzaban por el aire, como los aviones de papel de la película de Medem.

Yo la observaba en un extremo del sofá terminando de comerme el brownie de anoche con los dedos manchados de chocolate, paciente y expectante a que terminara para contarle lo que tenía que decirle. Marta, lejos del resplandor de los tejados de mis ventanas, lejos de Granada y de ella misma, cerraba los ojos al ritmo de la voz antigua de Bowie imaginándose ser un astronauta que flotaba en busca de Juanjito que la esperaba dibujando su cuerpo de tinta sobre un papel cuadrado y dolorosamente blanco.

Aunque ella no lo aprecia ocurre siempre que escribe desde sus entrañas y yo me pongo a leerla en alguno de los segundos que libero en mi rutina para recrear sus Dadanoias. Cuando Marta escribe tira de la compuerta espacio-temporal y cuando yo la leo se cuela por ella atraída por un vórtice de energía que solo producen algunas galaxias. Surge así en algún rincón de mi ático hasta que yo me la encuentro inesperadamente. Recrea su danza, recita algún fragmento de sus libros favoritos, canta una canción o deja sobre la mesa alguna de sus letras bordadas para marcharse silenciosamente por el mismo agujero negro por el que llegó.

Al finalizar su baile de hoy, he decidido decirle algo, antes de su nueva partida.
Marta: viajo en marzo a Barcelona...


domingo, 9 de febrero de 2014

Je veux

Cuando los días son rosas, la música es blanca y el corazón de todos los colores.

La vida desde una azotea vuelve los mapas cercanos para que puedas tocar las cúpulas y sentirte un super héroe capaz de invertir el ritmo de los planetas. Las campanas repiten su plegaria en las horas pares de la tarde recordando lejanos domingos de verano infantil mientras el invierno se cuela en los espejos como un asustado fantasma.

Granada se parece estos días a una historia antigua con olor a barco pirata y a un lejano mar dibujado en el norte que viene cargado de mensajes en botellas todavía por desvelar.

Febrero ha llegado con besos en otro idioma que se han colado en los bolsillos como el tarareo de una canción y ya casi parece primavera.

viernes, 17 de enero de 2014

Gente bonita

Ya lo sabía, pero ellos y ellas me hacen recordarlo cada día. Esta semana especialmente, cuando cada noche he cerrado los ojos con una serena sonrisa por esa gente bonita.

Es Jose y su pato de goma junto al café en el desayuno de esta mañana. Pierre y su entusiasmo en nuestra oficina planeando proyectos comunes y sonriendo mucho. Es Carolina y su llamada inesperada cerca del trabajo. Maripi dispersa entre la alegría y cientos de papeles. Es Miguel Ángel llamándome caperucita o Joaquín frente a mi tostada regalándome trocitos de su preciado tiempo. Es mi madre con su bandeja de roscos de anís para que me lleve a casa, Almudena contagiando la risa, Gustavo inventando imágenes para vídeos promocionales, mi sobrino Pablo a ritmo de Supersubmarina. También Rita y su confianza, Marta y su complicidad sobre los océanos, David con manos abiertas de amigo, Manuela cantándome cancionesCelia y su bote de aceitunas caseras para casa, Pepe y sus regalos por entregar... y más.

La gente bonita camina por la calle en dirección al trabajo o a los sueños por los que decidió luchar. Se levanta a diario, se lava la cara, se mira al espejo con prisa pero con el minuto justo para encontrar en sus ojos un universo limpio y sincero sin el que no salir de casa. Son muchos y son más que los que se empeñan en empañar el mundo, pero se deslizan por la vida sin necesidad de hacer ruido y con el peligro de caer en el olvido. 

Para ellos mi post de hoy, porque merece la pena tener presente a esa gente bonita que te hace recordar que hasta en el gesto más minúsculo puede concentrarse todo el amor en el que jamás habríamos creído.



viernes, 10 de enero de 2014

Facebook como espejo del corazón



Mientras la red se inunda de mensajes profundos como una imperante necesidad de encontrar respuestas, la mayoría sigue caminando por la vida de puntillas centrando sus conversaciones en las rebajas y en las fatalidades de una crisis cada vez más parecida a una historia interminable.

No somos todos, pero muchos todavía son los que pasan, metafórica y literalmente. Pasan a máxima velocidad saltando de un lado a otro, inquietos, vestidos con un impermeable interno que les hace estar resguardados de todo. O eso se creen. Sin embargo, algo late cada vez más fuerte, algo indefinido e intangible que demanda con urgencia respuestas, caminos, luz. Lo digo porque lo veo en Facebook, cuando a cada rato mi pantalla se inunda de mensajes sobre felicidad, éxito, paz y valores auténticos. Los usuarios los lanzan, ellos los comparten y un bueno número de aquellos le damos a "me gusta".

Mis últimas lecturas, mi experiencia con el silencio y la meditación, así como la realidad que a diario me asalta terminan todos por llevarme al mismo lugar aunque sea por caminos muy diferentes. Personas que llegaron a mi vida de repente, con pensamientos muy distintos y reflexiones con influencias filosóficas, religiosas, literarias o hasta de líderes empresariales comparten conmigo conversaciones e inquietudes que desembocan en un espacio común: la necesidad de encontrarse.

Llegó un momento en el que el mundo consumista fundado en nuestro ego empezó a derrumbarse y a evidenciar lo imprescindible de un cambio. De un redescubrimiento de la identidad. Ese mítico e histórico ¿Quién soy? y sobre todo ¿Para qué estoy aquí? está llegando a ser el desasosiego de cada vez más personas. 

Casi ninguna situación lleva esta apariencia tan evidente. No se trata de momentos donde se comparte desde lo explícito el hecho de vivir una crisis existencial de la que se está siendo consciente y se busca un camino. Todo se reviste de aparentes preocupaciones triviales, que a diferencia de otras épocas, incorporan un matiz de trascendencia que casi casi no se nota pero que está. Los agobios dejan de ser tan materiales para rascar un poquito más en lo intangible y manifestarse en forma de comentario: "Creo que estamos en un tiempo en el que hace falta reinventarse. Esta crisis requiere de un cambio radical. Hemos perdido los valores y algo nuevo tiene que pasar, porque así no vamos a ningún sitio".

Es cierto que no le ocurre a todo el mundo, pero si advierto la velocidad a la que cada vez más deciden pararse y rascar para buscar respuestas, caminos y deconstruir para construir desde la mente consciente y crítica una realidad más amable a partir de una personalidad a estrenar. El principio quizás se cambiar el punto de mira y dejar de buscar fuera lo que tal vez se encuentre dentro. ¿Y eso cómo se hace? Cada uno tendrá que encontrar su sendero... si lo supiera tendría la varita mágica. Pero la magia sólo existe en cada uno.

Reconocernos como buscadores puede parecerse a un primer paso. Mi aportación: un libro que con el mismo título nos invita a descubrirnos desde una nueva visión.

¡Feliz viaje!


viernes, 27 de diciembre de 2013

El mundo futuro no es 2014



Me voy a sacar un billete de avión, dándole a efectuar pago casi con los ojos cerrados, evitando pensar lo que siempre pienso que me hace pulsar el botón atrás del navegador para hacer las cosas como deben hacerse.

Lo compraré en los próximos días en cualquier momento en que ya los regalos no tengan que entregarse porque toca en el calendario, sino porque surgen de la nada, sin excusas ni razones más que la de una voluntad sin normas.

El mundo futuro es ahora. No se parece a nada, ni es necesario mucho más que una canción como ésta que puede cantarse o bailarse al ritmo de las ganas. Con ganas, se gana y, cuando se evaporan, la música no desaparece, sino que se transforma en suaves balanceos y voces que llegan a susurrar lo que el desaliento nos roba.

Condensar doce meses en dos días y hacer un balance casi da corte de digestión porque la intensidad es la palabra que mejor podría resumir mi último año. Los sueños que no pedí fueron los que se cumplieron y los proyectados resultaron ser como un juego de magia donde al final sólo queda humo que el viento aleja más despacio de lo que nos gustaría.

Por primera vez en mucho tiempo mis ganas de soñar se elevan con una libertad asombrosa. La que concede el no necesitar, la de la pureza de quien ya tiene sin desear, la de la serenidad que da el amor que no se pide y se respira en cada partícula de luz. En todos los nombres y en ninguno específico. Reencontrarse con quien es uno se convierte en una vuelta al hogar y entonces nada ni nadie más hace falta.

Estar solo es necesario, urgente, imprescindible para amar sin necesidades, ni exigencias. Recuerdo la sentencia que hace poco alguien me dijo: "Yo, que puedo estar solo, elijo estar contigo". Fue una frase hermosa que escondía una mentira hoy por hoy no desvelada y es que sólo quien alguna vez ha estado solo, puede constatar que sabe estar solo.

El mundo futuro es aquí y para quienes ya nos sumergimos en él, desnudos y sin nudos, lo entendemos muy bien: estrenar un año nuevo es bordear la trampa de esperar a que las cosas de ahí fuera cambien para descubrir que los nuevos debemos ser nosotros.

Felicidad y facilidad para quienes pasáis por aquí y comentáis y también para los que os resguardáis en el silencio.





jueves, 19 de diciembre de 2013

Paisajes de mujer



Amo a las mujeres desde su piel que es la mía
Gioconda Belli

Es verano en su copa de vino pero el sol de invierno hiela los cristales más antiguos de la ciudad. En sus ojos, el mar; y la lluvia tan sólo un murmullo lejano portador de recuerdos que como olas invisibles se mecen al ritmo de su corazón. Una danza extraña que palpita entre el alivio y el dolor.

La mujer se sienta hermosa sobre la valla, atenta al atardecer, serena y cuidada, inalcanzable como el amor. Junto a ella "la otra", esa figura indefinida e indefinible que escapó de una mentira para convertirse en reflejo y en verdad revelada.

Son ellas que se miran sabiendo que son las mismas y que tras su gafas guardan una historia para contar. La que fue, la que no fue, la que les narraron, la historia que creyeron, la que podría escribirse, la que se comenta, la que se calla. Protagonistas de un sueño en común comparten silencios de escarcha, mientras las estaciones bailan en su cuerpo renovando paisajes y regalando una nueva luz.

Diciembre despide un año de falsos proyectos que ya no importan a nadie, ni tampoco a las mujeres que se observan cómplices de un mismo cuento de hadas y se pronuncian sin palabras. Hay algo en el aire que las reconoce y las vuelve fuertes y completas como ciclones desbocados de amor. Nadie más falta. 

sábado, 30 de noviembre de 2013

Ser mujer y serlo

Pinterest

Una mujer me susurra desde los bosques oscuros de las montañas y la ciudad. Llega como melodía desnuda y hueca en busca de que mis palabras le alcen la voz. Es ella como soy yo y todas vosotras, si pasáis a leerme con inquieta curiosidad o imprevisto azar. 

Somos nosotras las que tantas veces no sabemos quienes somos o a las que nos diseñaron tan exquisitamente bien para que nunca nos pararamos a pensarlo. Yo si me paro, muchas veces, cuando me siento perdida, como todos nos sentimos una vez tras otra cuando la vida nos cambia los planes y hace que nos escuezan los ojos y no sepamos donde mirar.

En las últimas semanas, el tema de la mujer ha sido muy recurrente en mi vida, por experiencias propias y por la cantidad de reflexiones con las que me he cruzado el día Contra la Violencia de Género. Ayer Woody Allen me conmovía en el cine, con su último estreno Blue Jasmine desde el que lanzaba con increíble sutileza y acierto realidades de mujeres que deberían ser absolutamente intolerables. Sobre todo por nosotras, las mujeres y la responsabilidad que tenemos para que cambien las cosas y la violencia en su infinidad de matices se convierta en un capítulo más de la historia.

Como dice Irantzu Varela en su excelente artículo "La mejor defensa": la solución no es un ataque. Ni a los hombres, ni a la política, ni a la ideología... pasa por una transformación interna de nosotras mismas, en primer lugar, y de vosotros mismos, en segundo. Además del poder de la educación, para que nuestras niñas y también niños, crezcan desde otro paradigma.

Así lo cuenta Varela en estos dos párrafos impecables:

Pero hay dos armas infalibles contra la violencia machista. Una, son las mujeres. Mujeres felices, seguras de sí mismas, con conciencia feminista, con la autoestima sana, que se respetan y entienden que tienen un lugar en el mundo. Mujeres que quieren con condiciones y no desean que las quieran mucho, sino que las quieran bien; que disfrutan de su cuerpo tal y como es, que se cuidan para estar mejor, no para gustar; que se miran con ojos generosos, no con reflejos crueles de la mirada ajena. Contra esas mujeres, es difícil ejercer la violencia. Porque no se creen el papel de frágiles satisfactoras de deseos ajenos que les ha asignado el patriarcado.
La otra arma contra la violencia machista son los hombres. Hombres felices, seguros de sí mismos, con conciencia feminista, con la autoestima sana, que se respetan y entienden que tienen un lugar en el mundo. Hombres que quieren relacionarse como iguales, desde la complicidad y la libertad, que se atreven a reconocer sus debilidades y que no tienen nada que demostrar. Esos hombres no ejercen la violencia contra las mujeres. Porque no se creen el papel de duros líderes de las vidas ajenas que les ha asignado el patriarcado.
Con ellos y con el artículo de Faktoría Lila que describe a la perfección dónde estamos una gran mayoría de mujeres que "espera y desespera", concluyo mi post de hoy y acojo dentro de mí a todas las mujeres en las que me reconozco.

Las valientes que no se callaron, las que lo hicieron y me enseñaron desde sus errores, las que amaron y por el camino aprendieron a amarse ellas primero, las que no supieron llegar. Las mujeres que lucharon por encima de vergüenzas y manipulaciones para conquistar derechos y crear conciencia.

A ellas que estuvieron, las que están y las que apenas me conocen, por lo que pueda aportarles para desmontar el mundo de mentira que nos crearon y mirarse con una mirada nueva en el espejo que trascienda la belleza de un cuerpo que se exige perfecto y lleguen hasta quienes realmente son.
¿Y si no se sabe? entonces hoy se convierte en el día perfecto para empezar a investigar.

Igual que en el anuncio de Media Markt: "Yo no soy tonta". (Ni tú tampoco)

domingo, 24 de noviembre de 2013

Ellas

Son ellas las que siempre abrazan, les guste más o menos el ritmo de mis días, el color de mis paisajes azules que prefieren bailar bajo el sol.

Es Carolina tomando mi mano en las avenidas para sacarme lejos del peligro mientras me cuenta la cantidad de canciones de Georgina que le recuerdan a las dos y que cuando las escucha quiere mandarme pero que no siempre lo hace para no ponerme más triste. Pero me dice los títulos asociados a partes de mi vida o personas para que cuando pueda las escuche a volumen muy fuerte mientras grito o lloro, pero saco a todos los demonios fuera.

Son ellas las que siempre escuchan y entienden las espirales de mi interior. O no las entienden, pero me quieren y se inventan planes para que los giros se vuelvan saltos de alegría o saltitos en los charcos.

Es Manuela cocinando en su cocina, amando casi más que yo, lo que yo amo, y odiando, casi más que yo, lo que yo odio; sin ningún tipo de esfuerzo, con un amor espontaneo que no necesita argumentos, ni motivos, ni reproches más que una música de fondo y un plato de pasta recién cocinado.

Es Blanca que pinta mi alma con calaveras de colores que transforman el miedo en risa, el frío en calor.
Es Enka y sus manos abiertas para tirar de mí hacia cualquier espectáculo más amable que los días grises y arrugados que invaden la casa por momentos como fantasmas de humo azul.

Son ellas: Maribel, Celia, Maripi, Maite, Inma, Eva... las que saben amar y lo hacen con palabras y gestos, con horas de tiempo y amor auténtico, el que se da sin esperar nada a cambio y sin ninguna premeditación.

Un domingo cualquiera, como el de hoy, la música suena de fondo y yo pienso en ellas casi con ganas de llorar. Porque con el paso de los años, son ellas las que continúan en el camino y me hacen recordar que en mi trayecto nunca voy sola. Aunque a veces se me olvide, en realidad no conozco la verdadera soledad.

Hoy hago caso a Carolina y pongo fuerte a Georgina. Por las dos y por lo que realmente merece la pena.



jueves, 21 de noviembre de 2013

Estoy viva


Hoy mis palabras, que se atascan de forma apresurada y espesa, no aciertan a decir o callar más allá que a través de otras letras. Yo también encenderé luciérnagas.

Estoy viva 
como fruta madura
dueña ya de inviernos y veranos, 
abuela de los pájaros,
tejedora del viento navegante.

No se ha educado aún mi corazón
y, niña, tiemblo en los atardeceres, 
me deslumbran el verde, las marimbas
y el ruido de la lluvia
hermanándose con mi húmedo vientre,
cuando todo es más suave y luminoso.

Crezco y no aprendo a crecer,
no me desilusiono,
ni me vuelvo mujer envuelta en velos,
descreída de todo, lamentando su suerte.
No. Con cada día, se me nacen los ojos del asombro,
de la tierra parida,
el canto de los pueblos,
los brazos del obrero construyendo,
la mujer vendedora con su ramo de hijos,
los chavalos alegres marchando hacia el colegio.

Si.
Es verdad que a ratos estoy triste
y salgo a los caminos,
suelta como mi pelo,
y lloro por las cosas más dulces y más tiernas
y atesoro recuerdos
brotando entre mis huesos
y soy una infinita espiral que se retuerce
entre lunas y soles,
avanzando en los días,
desenrollando el tiempo
con miedo o desparpajo,
desenvainando estrellas
para subir más alto, más arriba,
dándole caza al aire,
gozándome en el ser que me sustenta, 
en la eterna marea de flujos y reflujos
que mueve el universo
y que impulsa los giros redondos de la tierra.

Soy la mujer que piensa.


Algún día
mis ojos
encenderán luciérnagas.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Asesinos en serie emocionales


Si de algo me gustaba presumir cuando hablaba de los chicos con los que he vivido alguna historia de amor es que nunca había topado con ninguna mala persona. Las historias comenzaban desde la ilusión y la transparencia y se sucedían más o menos tiempo hasta que llegaban a un final, pactado o no, pero fruto de una evolución distinta, un cambio de destino o el final de una etapa.

He podido alardear de chicos honestos que nunca decidieron serme infieles (y no lo fueron) jugar con mis sentimientos, ser posesivos, levantarme la voz, humillarme o gastarme putadas; por enumerar ejemplos de lo intolerable. Pero como en todas las reglas que existen siempre hay una excepción, y la mía ha llegado recientemente de la mano de un encantador de serpientes capaz de embaucar al más resistente (o inocente) ya sea hombre o mujer. Aunque sin duda alguna, las mujeres son su especialidad. Esta tarde se lo decía a mi madre: "Si a todos en la vida nos toca vivir la experiencia de salir con algún cabrón, mi cupo ya lo he cubierto y espero que no me toquen más" y ella me daba la razón y me decía que demasiada suerte había tenido hasta ahora que "todos los hombres son iguales". Yo creo que no lo son, pero este tipo de personas son las que hacen perder la fe a cualquiera.

La mala persona que me arrastró con su encantamiento tiene un perfil de asesino en serie emocional. Es decir, ese tipo de personas guapas, simpáticas, románticas y encantadoras (imaginad al típico comercial resultón que quiere venderos algo y trabaja por objetivos) que se dedican a seducir a la chica hasta conseguirla, entretenerse el tiempo pertinente con ella y después aniquilar su corazón. Llegan, embelesan, devoran y pasan a la siguiente. Así, una tras otra (y siempre que encarte, simultáneamente) con insaciable ansiedad. Van por la vida haciendo daño, moviéndose por el impulso de sus necesidades y por supuesto obviando absolutamente los sentimientos de los demás, orgullosos incluso de pronunciar que son ellos siempre los que dejan sus relaciones.

Lo más grave es que no tienen ni idea, habitan en un mundo paralelo fundado en una gran mentira que ellos mismos se creen provocando una distorsión de la realidad realmente asombrosa. Donde todos ven el daño, el egoísmo, la inmadurez, la falta de empatía o la irresponsabilidad... ellos ven todo lo contrario: una gran preocupación por no hacer daño, un gran interés porque la chica esté bien y un mundo paralelo digno de tratamiento médico. ¿Será que cuando todos ven lo mismo menos uno, igual el problema es de uno? ¿Será que cuando creemos que estamos queriendo a alguien lo que estamos es saciando nuestros intereses hasta que nos conviene o nos aburrimos?

Mi mala persona tiene nombres y apellidos, tan comunes como cualquier español amante del flamenco, los toros, el fútbol y las mujeres, y se ha dedicado a mantenerme en una relación oculta durante meses por su propio interés y temor a su ex, a no afrontar situaciones en las que apostar por mí, después de infinitos discursos en los que me quería hacer creer que yo era su pareja "estable y monogámica" con la que quería estar; y un juego después de dejarme del tipo: "no puedo ofrecerte lo que mereces pero quiero estar igual contigo sin ser una pareja", mientras a la vez también estoy con otra por eso de que me encarta. Pruebo con una y si no puede ser pruebo con otra, alguna caerá. Y me salto, lo que haga falta.

Es fácil que si alguno andáis por aquí leyendo, o alguna, más bien, o sintáis identificados en mucho de lo que describo porque os ha pasado algo muy parecido. Escribir un post como este no es ninguna novedad, pero para mí sí lo es porque es la primera vez en mi vida que alguien se porta así conmigo y la primera en la que me convierto en una víctima más de una colección de chicas que seguramente han sentido lo mismo, si no cosas peores.

Empatizo con las que pasaron por su lado y también con las que pasarán, por lo que a las pobres les espera. Van a creerlo todo, van a sentirlo todo y cuando lleguen las doce en el reloj del príncipe azul la carroza se va a convertir en calabaza y su corazón en otro más de los aniquilados.

Son los asesinos en serie emocionales. Destruyen a sus víctimas por dentro con una cuidada frialdad, mientras cambian de postura y eligen un traje nuevo con el que salir una vez más a conquistar. Ellas no lo saben y lo único que merecen es conocer la verdad.


lunes, 11 de noviembre de 2013

Deseos que se cumplen

Fuente: Pinterest: Milla Mikra

Que los seres mágicos existen no es algo que haya dejado de creer desde que soy niña, sino una experiencia continua en mi vida de personas que se cruzan en ella para convertirse en ángeles o hadas madrinas.
Cuando esto me ocurre no puedo dejar de conmoverme, porque no encuentro explicación alguna a "por qué a mí" y una incontrolable gratitud me invade por dentro cuando la vida me regala a personas como Celia, Maite, Inmaculada, Pepe o Maripi, entre alguno que otro más.

Tener un pequeño ángel en vida que vela por la salud de tu corazón ya es un regalo a valorar y cuidar día tras día. Pero cuando el milagro se sucede, una, dos, tres y quién sabe cuántas veces, no puedo contener alguna que otra lagrimita de emoción. Soy quien soy en una medida muy alta por lo que personas mágicas y preciosas consiguieron hacer de mí tendiendo la mano en incontables ocasiones, escuchando mis tristezas otras cuantas y lanzando importantes verdades de esas que duele escuchar pero sin las que es imposible seguir creciendo.

Alguna vez lo he dicho, en mis continuos discursos cursis sobre el amor, pero el amor se expande en tantos rincones, que la mayoría de las veces los pasamos por alto, obsesionados como nos volvemos con el amor de pareja. Volvemos éste tan exclusivo, que dejamos atrás el resto de amores indispensables en la vida de todos para nutrirnos como seres completos, multidimensionales y con espacios reservados a todas las personas que finalmente nos conforman.

La nueva hada madrina que se ha cruzado en mi vida se llama Maripi y con su sonrisa amplia y su generosidad llega a mi vida con una varita mágica con la que ir concediendo los deseos que apenas me da tiempo a formular. Este post va dedicado a ella, por creer en mí, trazarme nuevos caminos, abrir horizontes, transmitir alegría, escuchar y formular la inesperada frase que hace que lleve sonriendo tres días: "He encontrado el piso perfecto para ti". Y ha sido verdad.

La vida me regala el ático de mis sueños. Si es tiempo de mudar la piel, yo lo haré en una terraza bajo las estrellas con la Alhambra y Sierra Nevada como testigo de mis sueños. Yo también me mudo :)

jueves, 7 de noviembre de 2013

Marta, Sandra y el amor

Ocurre a menudo.

Cuando Marta se enamora, yo me desenamoro, y en el momento en que alguien vuelve a rescatar mi enamoramiento, ella se pone triste porque por algún motivo se resiente su corazón. Es nuestro baile invisible en el que giramos de la mano a cientos de kilómetros de distancia.

Me gustaría que esta vez igualáramos el ritmo y que la tristeza que se deslizaba en mi pantalla hace unos meses cuando Marta soñó con un sueño que resultó ser de mentira, desapareciera también de mi teclado ahora que la mentira es mía y casi parece de las dos. Me gustaría que nos sincronizáramos en la alegría y la fantasía que ella recupera, ilusianada de nuevo,  y nos lanza tan bien con sus canciones y su desnudez (la de dentro y la de fuera), con sus versos, sus manos limpias y su madurada inocencia.

Entonces la música sería otra más parecida al amor, a ese del que tan poco se sabe y tan pocos saben. Ese que no tiene nada que ver con lo que cuentan, ni con los manuales, ni con lo que se supone correcto de cara a la galería.

Desenamorarse duele tanto como la intensidad de enamorarse. El amor no es lo que pensamos (ni tampoco las personas), ya lo dice Deluxe en su canción, pero yo quiero creer que será mucho mejor.




viernes, 18 de octubre de 2013

Lo que pasa cuando "no pasa nada"

Para volverte sabio debes aprender a escuchar a los perros salvajes que ladran en tu sótano
Nietzsche

Si algo odiaba de pequeña, y todavía lo hago, es la actitud "como si nada" cuando ocurrían cosas importantes que herían, dañaban o afectaban de algún modo las emociones de los demás. De todas las cosas mal enseñadas, que actualmente parece desembocar en una corriente de positivismo muy demandada, se encuentra el optimismo, la actitud alegre ante cualquier acontecimiento y el sobreponerse lo antes posible a lo que nos tira de bruces al suelo. Y claro, entre el bombardeo continuo de este discurso y el terror que nos produce pensar en caer en dramatismos, al final caminamos por la vida perdidos en un huracán de caos interno al que difícilmente sabemos poner orden y ante el que decidimos salir corriendo. Donde sea.

La alegría debería venir de serie en toda cadena genética. La defiendo como hacía Benedetti y soy la primera en reivindicar las sonrisas y el disfrute de las pequeñas cosas. Pero me parece que estamos un poco confundidos con esta idea prestigiosa de que tenemos que ser positivos y que cuando vienen dificultades "no pasa nada".

Pasa. A veces, pasa mucho y es difícil crecer y recorrer el camino cuando nadie nos enseñó como hacerlo o todo nos lo explicaron mal. No vale negar el dolor cuando aparece y buscar evasiones que nos seden y hagan cerrar fuerte los ojos para que sea como si nada, porque la felicidad consiste en estar siempre alegres. Qué mal explicado todo porque cada emoción existe y resulta absurdo mirar para otro lado o taparse los oídos. Entonces se hace más grande, porque las emociones lo que buscan es que las mires y las reconozcas para abrazarlas y dejarlas ir. Con la tristeza, el dolor, la pena, la angustia... también. Y es lo justo para todos. 

Dejarse sentir es ser desde el ser y no desde el personaje de plástico que inventaron para nosotros. Sufrir es otra cosa, quedarse atrapado, revolcarse y alimentar el dolor es otra cosa más parecida a una desesperada llamada de atención o una patología. No se trata de sufrir, sino de vivir el proceso lógico de lo doloroso cuando este llega. Porque así las piezas se recolocan y cada emoción se ubica donde le corresponde completando un maravilloso paisaje interior lleno de matices.

Por eso, es tan importane mirar lo que se mueve por dentro. Por eso, es imprescindible valorar las consecuencias y vivir desde la coherencia porque cuando las cosas ocurren no es como si nada. Qué bueno tomar decisiones y responsabilizarse de las consecuencias para que cuando lleguen sepamos gestionarlas, mirarlas, respetarlas y darle su espacio como merecen. Qué bueno ser libre y elegir con todas las consecuencias, más allá de lo que las emociones simples nos dictan con su "me gusta", "no me gusta", "me apetece", "no me apetece". Vivir así es lo más cómodo y nos convierte en uno más del rebaño humano que camina por las avenidas guiado por la inercia. Son las emociones complejas las que nos retan a ser un poquito más sabios y nos acercan  a reconocer quiénes somos y a vivir más plenamente la vida, desde lo auténtico y real. Tomamos entonces de la mano la libertad y nuestra mirada se vuelve transparente y sincera para mirar sin miedo los ojos del otro. Quizás ser sabio sea un poco eso, mirar esos perros salvajes que menciona Nietzche y sentarnos serenos a su lado hasta conseguir acariciarlos.




viernes, 11 de octubre de 2013

Octubre, otoño

Despertar con la muerte de una ex-piloto de Fórmula 1 podría pasarme fácilmente desapercibido, pero no lo hace.

Octubre se está llevando demasiadas cosas bonitas.

Sólo la música queda... sonando así


lunes, 7 de octubre de 2013

Clicks que salvan

Es sólo el baile con una misma el verdadero. Son solo las manos que se extienden abiertas y puras las que merecen tomarse sin miedo desde el amor más auténtico, libre y real.

Hay "clicks" internos que se producen sin esperarlo, como la última sorpresa de la historia que vienen a cerrar un círculo perfecto. El del principio y el fin. Clicks que te despiertan del letargo y te devuelven un extraño eco que se aleja y convierten todo en un difuminado sueño.

Volver a empezar la vida. Redescubrirse en el viaje. Recuperar el Norte. Sin mentiras.

Cearia Évora y Pedro Guerra poniendo música y voz al corazón


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